¿Realmente somos todos iguales? ¿Discriminación, exclusión social, retroceso, error?


¿Uds. que opinan? Este es un artículo de la sección Editorial del Diario “El Comercio” publicado hoy martes 11 de diciembre sobre una prohibición del Ministerio de Educación: "Si no se puede diferenciar a los alumnos a base de sus capacidades académicas, tampoco se les podrá tratar de manera en que todos puedan sacar lo máximo de las mismas". Continúa leyendo –>

(Editorial) Acá nadie es más alto

“La prohibición de exámenes de ingreso en las escuelas será contraproducente”

El Ministerio de Educación ha prohibido que los colegios privados sometan a evaluación a los niños que participan en sus procesos de admisión a los niveles de inicial y primer grado de primaria. Aparentemente, en la visión del ministerio, el ser evaluados y seleccionados a base de las diferentes capacidades que cada uno ha alcanzado en una edad determinada atentaría contra “el interés superior” de los niños. Mucho mejor, según Vanetty Molinero, la directora de Educación Inicial del ministerio, es que “cuando la oferta de vacantes sea menor a su demanda” los colegios se basen “en otros aspectos que no involucren las capacidades y características del niño, […] [y] que no limiten con la discriminación o exclusión social”. Como ejemplos de estos otros aspectos la señora Molinero menciona: “afinidades en creencias y convicciones, cercanía a la institución educativa, parentesco con alumnos previamente matriculados, etc.”.

En otras palabras, cuando se trata de escoger entre niños, al ministerio le parece más justo que la selección no se haga sobre la base de las características de los propios niños, sino más bien sobre la base de las características de sus familias, tales como sus creencias religiosas y sus ideologías, su lugar de residencia o sus anteriores elecciones de escuela.

Esto puede resultar curioso, pero va de la mano con la idea que tiene el ministerio de lo que son la “discriminación” y “la exclusión social”. Después de todo, si para efectos de una institución académica seleccionar usando como criterio las diferentes habilidades cognitivas es discriminar, entonces, con la misma lógica, seleccionar a los niños que saltan más alto para el equipo de básquet ha de ser una forma de “exclusión social”.

La buena intención detrás de la prohibición del ministerio, claro, es impedir que unos niños sientan que son inferiores a otros. La pregunta ineludible, sin embargo, es si la forma para evitar esto es fingir que no existen las diferencias y poner en el mismo equipo de básquet a los más ágiles para saltar y a los que no pueden hacerlo. Los niños no son ciegos y se dan tanta cuenta de las diferencias que existen en cuanto a las diversas habilidades como el que más. Con lo que la medida del ministerio, si algo, acabará siendo contraproducente. El proverbial elefante en la sala no solo no desaparece cuando uno hace como que no está ahí, sino que se vuelve más opresivo.

Por otra parte, una medida como la del ministerio, además de no lograr lo que busca, tendrá también consecuencias negativas en un campo diferente al que iba destinada a afectar. Concretamente, si no se puede diferenciar a los alumnos a base de sus capacidades académicas, tampoco se les podrá tratar de manera en que todos puedan sacar lo máximo de las mismas. Así, por un lado, los alumnos con las mayores capacidades académicas nunca podrán realizar todo su potencial si tienen que ir a la velocidad de quienes tienen más dificultades para aprender. E, inversamente, los alumnos que necesitan más tiempo y ayuda para aprender solo se verán frustrados si se les obliga a ir al ritmo de los otros.

¿Quiere esto decir que es inevitable que unos niños se sientan inferiores a otros? No, en absoluto. O al menos no si se les enseña, como debería ser, que el valor de los seres humanos no está en función de las diferentes habilidades –cognitivas, deportivas, artísticas, sociales o las que sean– que la lotería natural ha otorgado a cada cual, sino de las cosas que, como el tesón, la rectitud, la lealtad, la nobleza o el coraje, dependen mucho más de la voluntad de cada uno y, de hecho, determinan la forma en que cada cual usa y hace crecer –o no– sus dones naturales. Estos son los rasgos, por lo demás, que acaban haciendo la mayor diferencia en la felicidad de cada cual. Todo lo demás son solo instrumentos.

Lo anterior, desde luego, no implica que todos no tengamos el derecho de potenciar nuestros instrumentos al máximo de sus posibilidades: lo tenemos y conviene a la sociedad que lo ejerzamos. Pero sí que estos instrumentos no nos definen ni garantizan algo respecto a nuestro éxito en la vida.

Inculcar esto, pues, es lo que debería preocupar al Ministerio de Educación, en lugar de ordenar que los más altos tengan que andar de cuclillas para pretender que todos tenemos la misma estatura.

Tomado de Diario “El Comercio” (11-Dic-2012)

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Publicado en Académico. 1 Comment »

Una respuesta to “¿Realmente somos todos iguales? ¿Discriminación, exclusión social, retroceso, error?”

  1. beatriz Says:

    la discriminacion no va, sin embargo tener a los alumnos con buenos potenciales juntos y ayudarle a potenciar sus habilidades si, eso no significa exclusion, pues a los alumnos que son “promedio” se les debe de enseñar de otra manera que puedan ayudarlos a mejorar y descubrir sus habilidades, para que todos tengan las mismas oportunidades. Juntarlos hace que los alumnos se frusten por no poder ser igual que el otro o peor ser conformistas.


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